26 de agosto de 2014

Con perdón, "¡manda huevos!"



Una expresión que como casi todos sabréis denota una mezcla de sorpresa, indignación y enfado, pero que a simple vista carece de un significado lógico. Parece ser que el origen de todo está en un gran momento de crisis de la historia de España, como es el final del reinado de Carlos II, último representante de la casa de Austria. Con el reino sumido en una profunda crisis económica, el rey y su valido, el duque de Oropesa, encargaron a Fernando Joaquín Fajardo, marqués de Vélez, la supervisión de las cuentas del estado, maltrechas después de tantas guerras y de tan poco acertados gobernantes. Así, el marqués comenzó un viaje por toda la península, tratando de comprender los despilfarros de las autoridades locales y las actividades donde podía elevar los impuestos para enriquecer de nuevo el erario. Frecuente era pues la correspondencia con el monarca. Entre las rarezas de “El Hechizado” se encontraba su pasión por el huevo: se dice que comía al menos tres al día y que era capaz de reconocer su procedencia con una precisión que dejaba a boca abierta a propios y extraños. Es por eso que en las cartas que escribía al marqués añadía casi siempre a modo de postdata la frase “Donde quiera que te halles, Fernando, manda huevos“. Si la frase ha adquirido su significado actual es porque Fajardo, al leer en voz alta su contenido a los otros miembros de la misión, se iba enfadando a medida que veía que el rey le hablaba de todo menos de economía y que en cualquier caso ninguna de sus recomendaciones o de sus peticiones había sido siquiera discutida en Madrid. Por eso, al llegar al final de la misiva, montaba en cólera al encontrar siempre la misma postilla, “manda huevos“, frase que el marqués repetía gritando para dejar en evidencia las verdaderas preocupaciones del rey: “¡manda huevos, manda huevos!“.

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