9 de mayo de 2014

El "Pelé" de las matemáticas

Pasa probablemente en todos los países, pero en Brasil es seguro que los futbolistas son muchísimo más famosos que los matemáticos. Sin embargo, en medio del frenesí mediático por la Copa del Mundo del próximo mes, sería un error ignorar el Día Nacional de las Matemáticas del país, que tuvo lugar este martes. El autor Alex Bellos cuenta la fascinante historia del hombre a quien está dedicado.



Río de Janeiro, 1925, Brasil crece. Trabajadores levantan el que será el punto de referencia de la ciudad, la estatua del Cristo Redentor. La samba, una nueva música, se está convirtiendo en manía nacional y el principal diario del país, A Noite, presenta a su nueva pluma estrella con una nota de tapa.

Malba Tahan o -por dar su nombre completo- Ali Iezid Izz-Edim Ibn Salim Hank Malba Tahan, era un autor de Medio Oriente, que escribía en árabe y era traducido al portugués para el mercado brasileño, según se explicó a los lectores. Sus artículos cortos eran historias de moralidad al estilo de "Las mil y una noches"; con el tiempo comenzaron a tocar temas de matemática.
Se convirtieron en un gran éxito, y en 1932 Malba Tahan publicó el que sería uno de los libros más exitosos jamás escritos en Brasil: "O homem que calculava" ("El hombre que calculaba").
El libro, ambientado en el siglo XIII, comienza así: "¡En el nombre de Alá, el Más Benévolo, el Más Misericordioso! Me encontraba en una calle de Bagdad, regresando al lento paso de mi camello de una excursión a la famosa ciudad de Samarra, en la orilla del Tigris, cuando vi a un viajero modestamente vestido, sentado en un roca, que parecía estar recobrándose de un viaje".
Matemático persa
El viajero es Beremiz Samir -un matemático persa-, quien se reúne con el narrador en un viaje que los lleva a través de decenas de episodios en que Beremiz resuelve problemas utilizando su habilidad con los números. En cierto punto, visita la casa del ministro del rey, el visir Ibrahim Maluf.
"Atravesamos la pesada puerta de hierro y seguimos por un angosto pasillo... hacia el espléndido jardín interior del palacio. Este jardín, dispuesto con gusto exquisito, recibía la sombra de dos filas de naranjos. Tras atravesar una variedad de habitaciones ricamente amobladas, en las que colgaban tapetes con bordes de hilos de plata, finalmente alcanzamos las salas del ministro del rey, quien se reclinaba en grandes almohadones y conversaba con dos amigos".
Beremiz impresiona al visir con una inusual forma de contar una manada de camellos: cuenta el número de patas y orejas y lo divide por seis. Los camellos son un regalo para el padre de la futura esposa del visir, Astir, de 16 años, pero Beremiz nota que a uno de los camellos le falta una oreja.

Cómo contar camellos: sumar patas y orejas, y dividir por seis.

"Me gustaría hacer una pequeña sugerencia", dice. "Si usted quitara al animal defectuoso de la manada, el total sería 256, que es 16 al cuadrado (16 x 16). El regalo que ofrecerá al padre de la encantadora Astir sería entonces matemáticamente perfecto, el número de camellos equivalente a la edad de la amada. El número 256 es potencia de dos -un número considerado simbólico por los antiguos- mientras que 257 es un número primo. Estas relaciones entre números elevados al cuadrado traen buenos augurios para los amantes".
Me encanta "El hombre que calculaba". El libro te transporta a un mundo mágico de beduinos, visires, jeques, príncipes y reyes, es rico en referencias a las tradiciones islámicas y lugares de Medio Oriente. La matemática es suave, accesible y ayuda a que avancen las historias.

Cuadrados mágicos e hipermágicos

Más que nada es aritmética, pero también hay problemas de geometría y curiosidades como el cuadrado mágico: un "cuadrado lleno de números", que el sultán le presenta a Beremiz luego de que fuera recatado de la casa de un calígrafo.

Ambos cuadrados son mágicos, pero el de la derecha es diabólico. La constante, 34, no sólo se obtiene al sumar los números de cada columna, fila o diagonal, pero también al sumar cuatro números del cuadrado de otras formas. Los de las esquinas suman 3

"Tras estudiar ambos objetos detenidamente, así habló El hombre que calculaba: 'Este interesante cuadrado de números que dejó el calígrafo es lo que llamamos un cuadrado mágico. Tomemos el cuadrado y dividámoslo en cuatro o nuevo o 16 cajas iguales. Pongamos un número en cada una de estas cajas. Cuando la suma de los números en cada línea o columna o diagonal siempre da el mismo resultado, tenemos un cuadrado mágico... Los números de las cajas deben ser todos distintos. Es imposible construir un cuadrado mágico con tan solo cuatro cajas'".
Luego dice que cuando un cuadrado mágico puede acomodarse en otros cuadrados mágicos, por ejemplo al mover la fila de abajo hacia arriba o la columna de la izquierda hacia la derecha, se llama hipermágico: "Ciertos cuadrados hipermágicos son llamados diabólicos", agrega.
"El hombre que calculaba" se convirtió en un éxito de ventas y transformó a Malba Tahan en un nombre famoso: un matemático tan famoso como las estrellas de fútbol de Brasil.

Ambos cuadrados son mágicos, pero el de la derecha es diabólico. La constante, 34, no sólo se obtiene al sumar los números de cada columna, fila o diagonal, pero también al sumar cuatro números del cuadrado de otras formas. Los de las esquinas suman 34. Cada grupo de 2x2 cajas suma 34. De hecho, hay 86 formas diferentes de alcanzar la misma cifra.

El trajín para publicar

Pero el libro era un engaño literario: Malba Tahan nunca existió. Era el pseudónimo de Júlio César de Mello e Souza, un profesor de matemática de Río de Janeiro que jamás pisó Medio Oriente.
Mello e Souza nació en 1895. Tras estudiar ingeniería en la universidad, enseñó matemática y escribió historias breves en su tiempo libre. Cuando envió sus primeras historias a un periódico local, fueron rechazadas.
Pero cuando cambió los nombres y lugares de sus historias y volvió a enviarlas, diciendo que eran traducciones del fabuloso escritor estadounidense R.S. Slade, el diario las publicó.
Mello e Souza se dio cuenta de que la única posibilidad de tener éxito como escritor en Brasil era usar un pseudónimo extranjero. Su amor por las matemáticas lo había llevado a encantarse con la ciencia islámica, y decidió escribir historias sobre la antigua Arabia bajo el nombre de Malba Tahan.

1885, la Meca

Creó una elaborada historia para Malba Tahan: nacido en 1885 en la Meca, había viajado por todo el mundo y murió luchando por la libertad de un grupo de beduinos en el desierto.
Cuando Mello e Souza comenzó a escribir como Malba Tahan, tan solo el dueño del diario en que publicaba sus historias sabía del engaño.
Durante varios años nadie supo que el famoso autor árabe era en realidad un profesor local de matemática, cuya otra pasión era coleccionar ranas de porcelana.

Coelho, un admirador

En el momento en que finalmente se supo que Malba Tahan era el humilde Júlio César de Mello e Souza, ya era lo suficientemente famoso como para que no importara.
Sus admiradores eran tanto alumnos de escuela como el mismo presidente de Brasil, y en estos días incluye a uno de los autores más famosos del país, Paulo Coelho.
El recuerdo de Coelho
"Era un gran contador de historias", dice, "le pedí a mi familia que compre todos sus libros. Después, un día, dije: 'Oh, dios, qué persona fantástica, ojalá pudiera conocerla'".
El joven Coelho quedó estupefacto cuando sus padres le contaron que el misterioso autor árabe Malba Tahan era en realidad un amigo suyo que vivía a pocas cuadras.
"Fui a su casa", recuerda Coelho, "lo vi y nos dimos la mano, y supongo que se sentía halagado por el hecho de que un niño de 10 años estaba leyendo todos sus libros".
"No me atreví a pedirle que autografiara mis libros, porque era totalmente tímido".
"Malba Tahan nos contó sobre esa bella cultura árabe, y es muy importante hoy porque la tolerancia siempre está presente en sus relatos".
Mello e Souza escribió más de 100 libros, cerca de la mitad fueron sobre matemática recreativa y la mayoría estaban ambientados en Medio Oriente, aunque también escribió historias sobre rabinos, griegos, chinos y babilonios.
Aunque amaba las culturas extranjeras solo dejó Brasil en dos ocasiones, para viajar a Portugal y Argentina.

"El brasileño de Arabia"

Murió en 1974. Para ese entonces había vendido más de un millón de libros en Brasil. "El hombre que calculaba" sigue siendo el más famoso y todavía se imprime. Mi gastada copia es de la 74° edición. Se tradujo al español, el inglés y el alemán.
Y seguirá siendo una parte de la cultura brasileña, ya que el gobierno decretó a partir del año pasado que el día de su nacimiento, el 6 de mayo, se celebre el Día Nacional de las Matemáticas.
A Malba Tahan lo llamaban "El brasileño de Arabia" y el "Pelé de los números". Pero, ¿le gustaba el fútbol a este héroe de Brasil? Le parecía "un poco aburrido".

Las matemáticas, el Islam y coleccionar ranas de juguete: eso era mucho más divertido.

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