7 de abril de 2014

El cerebro nos engaña

Para mucha gente, Juan Tamariz es poco más que un mago de aspecto estrafalario y más o menos gracioso que aparece de vez en cuando en televisión. Las apariencias, ya se sabe, engañan. Tamariz es uno de los ilusionistas más respetados del mundo y un auténtico erudito de la magia; ha hecho carrera con su capacidad para explotar la tendencia de nuestros ojos y nuestro cerebro a distorsionar la realidad y su labor, como la de otros profesionales del engaño piadoso, tiene un gran interés para la neurociencia.


Susana Martínez-Conde, directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Barrow (Phoenix, EEUU), explicaba ayer en una conferencia en la Universidad Europea de Madrid cómo algunos de los magos más célebres del mundo le habían recomendado que si quería aprender de veras sobre la teoría de la magia entrevistase a un tal “Tamaris”. Martínez-Conde había acabado hablando con ellos en su búsqueda de los fundamentos neuronales de la forma en que nuestro cerebro recrea la realidad que percibimos. Recrea, porque lo que creemos que percibimos es solo una aproximación a la realidad. Sus conclusiones quedaron plasmadas en el libro Los engaños de la mente, que firma junto a su marido, el también neurocientífico Stephen Macnick, y resultan inquietantes para quienes necesitan creer, al menos, lo que ven con sus propios ojos.

¿A qué se refiere cuando dice que la mente nos engaña?

El engaño se refiere a que no vemos, o no percibimos, porque esto no solo sucede con la vista, la realidad tal como es. El cerebro nos está dando una imagen que, si hablamos del sentido de la vista, no es una imagen fidedigna y a veces es claramente distinta de la realidad.

¿Hay alguna posibilidad de evitar ese engaño?

No es posible tener una representación fidedigna de la realidad con los recursos neurales que tenemos. El cerebro tiene un tamaño que es bastante reducido, y se ve forzado a tener, en el caso del sistema visual, solo el millón de fibras, que son los axones, que componen el nervio óptico. Eso sería el equivalente a un millón de pixels. Esto, que sería muy poco en una cámara, le llega en general al cerebro porque toma muestras de la parte que puede tener mayor información y después rellena los huecos. Pero a veces se rellena de una manera que es incorrecta.

Por mucho que entrenes, no vas a superarlo porque tienes una limitación física del cerebro. Se puede maximizar lo que tienes, pero más allá no vas a poder ir. Quizá en el futuro, en un escenario de ciencia ficción, si tienes una prótesis neural que sea capaz de aumentarte estas capacidades, podría ser una vía, pero basándonos en nuestra biología, no.

“No es posible tener una representación fidedigna de la realidad con los recursos neurales que tenemos”

En caso de que fuese posible hacerlo, ¿sería deseable?

Tampoco sería interesante, porque el hecho de estar seleccionando la información que vamos a procesar nos libera de procesar información que no necesitamos y que puede interferir con el resto. Lo que hace el cerebro con el rellenado de huecos es una estrategia mucho más eficaz en términos de recursos neurales y de velocidad de procesamiento que procesar toda la información.v ¿Desde el punto de vista evolutivo, nos pudo dar alguna ventaja para la supervivencia que el cerebro nos engañe?v El que el cerebro nos engañe es un efecto secundario de los mecanismos que necesita implementar con sus limitaciones para que nosotros podamos sobrevivir en el mundo y transmitir la herencia genética a la siguiente generación. El hecho del engaño no es una ventaja evolutiva, pero los mecanismos que el cerebro ha implementado para acelerar la velocidad y la capacidad de procesamiento con estos recursos limitados dan lugar al engaño. Pero en la mayor parte de los casos este engaño es inocuo porque el cerebro, aunque no percibe la realidad tal como es, sí realiza una simulación bastante aproximada.

¿Tienen alguna relación estas ilusiones visuales con otras recreaciones de la realidad que hace nuestro cerebro como los falsos recuerdos?

En la memoria también existe una discrepancia. No nos debemos fiar de nuestras memorias. De hecho, se han hecho una serie de trabajos que demuestran que la memoria se puede alterar. Incluso la manera de hacer una pregunta puede variar la memoria de una persona. Esto es algo que también utilizan los magos. Por ejemplo, Elizabeth Loftus, en uno de sus trabajos clásicos, que también mencionamos en el libro, hace que una serie de observadores vean un vídeo de un coche que choca con otro. Después de verlo, a parte de estas personas se les pregunta qué velocidad creían que llevaba el coche rojo cuando chocó contra el coche azul, y a otras se les pregunta cuál era la velocidad del coche rojo cuando se estrelló contra el azul. En el segundo caso dicen que la velocidad es mucho mayor.

Las memorias no son fidedignas y desde la neurociencia se está argumentando que debería dejarse de utilizar el testimonio de testigos, porque prácticamente no tienen valor; no representan la realidad tal como ocurrió. Y sucede lo mismo con la memoria autobiográfica, con cosas que nos pasaron a nosotros. Por la neurociencia hoy sabemos que lo que estamos haciendo al acceder a estas memorias que están almacenadas a largo plazo, es accederlas, recordarlas y volverlas a almacenar, y que este acto de retirarlas del almacenamiento y volverlas a almacenar las cambia. Cada vez que accedemos a una memoria la estamos cambiando, a veces de manera ínfima, pero a veces de manera muy sustancial.

¿Las implicaciones de la manipulación de nuestras percepciones en la magia, funcionan igual en la política o la publicidad?

No lo hemos trabajado, pero son técnicas que no solo los magos utilizan. Las utilizamos nosotros unos con otros constantemente. Los magos no es que tengan acceso a unos circuitos del cerebro que nadie utiliza, los explotan y los han refinado de una manera que es espectacular, pero también se hace en otros campos como la publicidad, el márketing, la política… Fuente: esmateria.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario