17 de febrero de 2014

El cortador, el probador y el rey...

En la época medieval era habitual comer cerdos, cabritos y otros animales asados. Se presentaban en la mesa enteros y había un hombre encargado de trocearlos. Este hombre era denominado cortador o trinchante y su tarea no era sencilla.



Ser cortador era un cargo relativamente importante dentro del entorno real y debía conocer perfectamente el protocolo y cómo tratar a los nobles y al rey. Solía acompañar al monarca allá donde fuera. ¿Porque le gustaba al rey su forma de trinchar? No exactamente.

Los cuchillos que utilizaba para trinchar la carne que comía el rey, en caso de ser envenenados, podían acabar fácilmente con la vida de este. Por lo tanto, el cortador era un cargo de confianza, un hombre leal a su rey. Todo lo que necesitaba para su trabajo viajaba siempre con él y con el rey: cuchillos, tenedores, trapos para limpiar…

La seguridad iba más allá aún. Los instrumentos del cortador siempre se guardaban y transportaban en un baúl cerrado con llave. Antes de comenzar a comer, el cortador usaba los cuchillos para extraer de un pan una rebanada y se la daba a probar al repostero real. Si los cuchillos habían sido envenenados, el repostero moriría. ¿Por qué el repostero real? Pues porque sobre él recaía la responsabilidad de custodiar el baúl del cortador.

Por cierto, según parece esto de usar “un probador” para ver si los alimentos han sido envenenados ha sido una costumbre en varias épocas y situaciones. Pero yo lo veo algo inútil en muchos casos, salvo en el caso de que el veneno sea de efecto inmediato. Si este mata pasadas dos horas, después de la comida morirán el rey y el probador. Eso sí, sabiendo que su vida estaba en juego, seguro que el probador vigilaba para que no envenenaran al rey.

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