7 de junio de 2013

El aeropuerto de Bristol busca a los propietarios de un oso de peluche centenario




Tuerto, con una oreja colgando y la piel hecha jirones, pero entero. El personal del aeropuerto de Bristol, al suroeste de Inglaterra, ha lanzado una campaña de búsqueda internacional para encontrar al dueño de un antiguo oso de peluche de principios del siglo pasado, que se extravió hace catorce meses en una sala de espera del área de salidas.
El muñeco fue hallado en una bolsa de plástico, a principios de 2012, junto a una fotografía suya que data de marzo de 1918 en la que aparece en compañía de dos niñas. En el reverso de la imagen, en un mensaje con tinta descolorida se puede leer: «Dora, Sonia y Glyn», lo que ha llevado al personal del aeropuerto a registrar los vuelos del último año en busca de dos pasajeros con esos dos nombres, deduciendo que Glyn corresponde a la identidad del peluche.
«Parece un poco maltratado pero creo que se debe a la gran cantidad de abrazos que le han dado. Estábamos seguros de que alguien lo reclamaría, pero no fue así. Al cabo de un tiempo lo entregamos a la policía del aeropuerto que intentó por todos los medios posibles encontrar a su familia», señaló Jacqui Mills, portavoz del aeropuerto del Bristol.
Ante la imposibilidad de dar con los dueños de este adorable peluche de 95 años, ahora han decidido hacer uso de la prensa y la redes sociales para difundir una foto en la que se puede apreciar al oso, un tanto desvencijado y con parte de la piel recosida, y recabar cualquier tipo de pista que pueda conducir a sus propietarios. Más que el dinero que pueda pagar un coleccionista por él, los empleados del aeropuerto apelan al valor intrínseco y afectivo de Glyn.
Mientras tanto, el maltrecho muñeco cuya historia recuerda a la de Victor Navorski, el personaje interpretado por Tom Hanks en La Terminal, se ha convertido en toda una celebridad en el aeropuerto donde los empleados le han bautizado como Bristol y los pasajeros preguntan por él para sacarse fotografías.
«Por ahora, su nueva casa es mi escritorio», expuso Mills que espera poder reunir al peluche con sus dueños con la ayuda de la gente.
Aunque todo apunta a que el oso pertenece a la época de la primera Guerra Mundial, el paso del tiempo ha borrado cualquier tipo de etiqueta que pudiera esclarecer su origen. De hecho la tela que recubre las patas del peluche ha sido cambiada.

«Yo creo que es un oso alemán o francés. Presenta materiales de buena calidad con piel de mohair y la fabricación y calidad me hacen pensar en Alemania. Pero el desgaste y los daños que presenta hacen más difícil identificarlo, puesto que no queda ni rastro de alguna etiqueta del fabricante», comentó Edy Reilly, quien dirige una empresa de reparación de peluches.

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