6 de octubre de 2012

Merrick, el hombre elefante

"Vi la luz por primera vez el 5 de agosto de 1860. Nací en Lee Street, Leicester. La deformidad que exhibo ahora se debe a que un elefante asustó a mi madre; ella caminaba por la calle mientras desfilaba una procesión de animales. Se juntó una enorme multitud para verlos, y desafortunadamente empujaron a mi madre bajo las patas de un elefante. Ella se asustó mucho. Estaba embarazada de mí, y este infortunio fue la causa de mi deformidad"
Así describe Joseph Carey Merrick la etiología de su enfermedad. En su conmovedora inocencia, el joven inglés, que nada sabe de malformaciones congénitas ni de genes dominantes transmitidos hereditariamente, atribuye la culpa de su demoledora enfermedad a un simple animal.

Joseph Merrick es, a poco que se considere, uno de los seres humanos más desafortunados de la historia. Su radical deformidad, la más severa jamás registrada en un ser humano vivo, lo condenó a una existencia de ostracismo a veces y de pública exhibición como fenómeno en otras oportunidades.

Nació en agosto de 1860 en Leicester, Inglaterra. Fue un niño normal hasta la edad de 5 años en que comenzó a desarrollársele una rara enfermedad que le deformaba progresivamente algunas partes del cuerpo. Su madre cuidó de él y lo protegió hasta que falleció a causa de una bronquitis en 1871. En 1874 el padre se casó de nuevo con una viuda que tenía dos hijos, la cual lo despreciaba y lo aborrecía debido a su cada vez mas pronunciada deformidad. En su autobiografía Merrick describe los tormentos a los que fue sometido por aquella mujer, que se dedicó a abusar, durante años, de un niño huérfano, gravemente enfermo y horriblemente discapacitado.

"Cuando yo tenía 13 años, ella hizo todo lo posible para conseguir que yo saliera a buscar trabajo. Obtuve un empleo en la fábrica de cigarros Freeman y trabajé allí por unos dos años. Luego, mi mano derecha comenzó a crecer, hasta que se volvió tan grande y pesada que ya no pude liar los cigarros, y tuve que irme. Ella me mandó por toda la ciudad para buscar trabajo, pero nadie quería contratar a un rengo deforme. Cuando volvía a casa para comer, ella solía decirme que había estado vagando y no buscando empleo. Se mofó tanto de mí, se burló y me despreció de tal manera, que dejé de regresar a casa a las horas de las comidas. Allí me quedaba solo, en las calles, con el estómago vacío, con tal de no regresar para soportar sus pullas. De lo poco que yo comía, medias raciones y platos casi vacíos, ella igualmente me decía: ´Es más de lo que te mereces. No te has ganado esa comida´. Incapaz de encontrar empleo, mi padre me consiguió una licencia de buhonero y comencé a recorrer las calles como vendedor ambulante ofreciendo telas, géneros y pomada para zapatos. Al ver mi deformidad, la gente ni siquiera me abría la puerta ni escuchaba mis ofertas. Como consecuencia de mi enfermedad mi vida seguía siendo una miseria perpetua, de modo que me escapé de nuevo de mi casa e intenté salir a vender por mi propia cuenta. Para esos tiempos mi deformidad había crecido a un grado tal que ni siquiera podía recorrer la ciudad sin que las multitudes se reunieran a mi alrededor y me siguieran por todas partes"
Cuando abandonó definitivamente su casa, Joseph acudió al hospital de Liecester donde se hizo operar una protuberancia que le empezaba a ocasionar problemas para comer. En el hospital estuvo dos o tres años pero luego fue obligado a salir, ya que en aquella época los hospitales no albergaban a enfermos crónicos. La única opción que tenía Merrick para ganarse la vida era convertirse en artista de variedades y exhibirse a sí mismo como fenómeno en una feria de atrocidades, exponiendo sobre el escenario toda su espantosa apariencia para solaz y asombro de los incrédulos paseantes, por lo que se puso en contacto con un empresario que, nada más verlo, lo contrató.

Al poco tiempo otro empresario le propuso realizar una gira por Bélgica. Una vez en Bruselas y a solas, el inescrupuloso robó a Merrick su dinero y lo abandonó, dejándolo solo y hambriento vagando por las calles. Como pudo se las arregló para volver a Londres, y a la feria donde anteriormente estaba. Fue en esta feria donde Frederick Treves lo había visto por primera vez, aunque no volverían a encontrarse hasta que Joseph regresó de Bruselas.

Treves era médico del hospital de Londres. Encontró a Joseph en la estación de ferrocarril a su llegada de Bélgica, enfermo, desnutrido y con nuevas malformaciones. Entonces inició una cruzada personal; movilizó a la prensa y logró sensibilizar a gente de toda Europa que comenzó a hacerle llegar sus donaciones. Para conseguirlo se entrevistó con Alexandra, Princesa de Gales quien accedió a conocer a Joseph. Una vez que la familia real decidió que Merrick merecía un hogar, todo estuvo dicho. Se asignó al enfermo un alojamiento permanente en un ala del hospital y se le dio la bienvenida como huésped perpetuo. El Hombre Elefante tenía, por fin, un lugar de donde no sería expulsado.

Merrick era un hombre dulce, educado, amable y agradecido, sin ningún tipo de rencor pese a todo lo que le había tocado vivir. Sabía leer y escribir correctamente y poseía una gran inteligencia.

El 11 de abril de 1890, cinco días después de Pascua, su enorme y pesada cabeza venció por fin la resistencia de su cuello y cayó hacia atrás, fracturándoselo. Así murió el infortunado Joseph Carey Merrick, como consecuencia de un dislocamiento cervical y asfixia provocada por el peso de su cráneo sobre la tráquea, después de haber vivido una vida de pesadilla.

Tenía sólo 27 años.

"Una cosa que siempre me entristeció de Merrick
era el hecho de que no podía sonreír.
Fuera cual fuese su alegría, su rostro permanecía impasible.
Podía llorar, pero no podía sonreír."
Sir Frederick Treves
 

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