14 de octubre de 2012

Estigmatizar a las personas con enfermedad mental

No me gusta hablar de enfermedad mental. Prefiero hablar de trastorno psicológico. Pero está aceptado socialmente hablar del trastorno psicológico en términos de enfermedad mental. Os dejo un artículo sobre por qué no debemos estigmatizar a aquél que padece una enfermedad mental:


Si a un amigo le diagnosticaran diabetes, ¿pasarías menos tiempo con él? Si tu vecina tuviera cáncer de mama, ¿convencerías a tus hijos para que no jugaran más con sus hijos? Si tu compañera de trabajo tuviera una enfermedad coronaria, ¿esperarías que fuera menos competente en su trabajo? Rechazar a alguien por una enfermedad parece ridículo hoy en día, pero ¿qué pasaría si tu amigo, tu vecina o tu compañera de trabajo tuviera una enfermedad mental? 

Para que una persona pueda afrontar la enfermedad con garantías de recuperación es clave la integración social, que se debe dar con una perspectiva realista (ni dramática, ni indulgente) de la enfermedad mental, tanto vista desde la sociedad como desde la propia persona que la padece. El ocultamiento sólo causa su perpetuación. Debe realizarse un doble esfuerzo por las dos partes implicadas que redundará en la calidad de vida de todos y todas. Los estudios demuestran que el estigma experimenta una fuerte reducción cuando miembros de la población general conocen a personas con enfermedad mental que tienen trabajo o son vecinos y vecinas “normales”. 

La ciudadanía debe desligarse del estigma y aceptar la enfermedad mental como lo que es, una enfermedad que se puede tratar y curar. La persona que la padece, y la salud mental en definitiva, tiene que “salir del armario” y mostrarse tal como es, ni más ni menos. Hay una estrecha relación entre tener contacto con personas con enfermedad mental y no generar estigma. El contacto social favorece la recuperación ya que las personas que tienen unas relaciones sociales más amplias y más complejas tienen menos probabilidades de padecer una crisis. La interacción entre las personas con y sin enfermedad mental es lo mejor contra la estigmatización. La recuperación de una persona que tiene enfermedad mental implica dos procesos paralelos y complementarios.

Proceso 1: el único que se había tenido en cuenta hasta hace poco, es el aspecto clínico y en sentido estricto es tener de nuevo buena salud. 

Proceso 2: Es un proceso de cambio y de crecimiento personal, basado en la esperanza y la autonomía. Se trata de recuperar la conciencia de ciudadanía pese a la discapacidad causada por la enfermedad. La actitud de lo que le rodea y el estigma puede llegar a impedirlo, y condenar a la persona a que su vida esté dominada por la enfermedad. Asegurar la continuidad del tratamiento desde un enfoque comunitario, desarrollar estrategias de rehabilitación, enseñar habilidades psicosociales que faciliten vivir de la manera más autónoma y plena posible, dar apoyo a las familias y asesorar al personal sanitario de la atención primaria, de manera que se pueda dar una atención integral a los enfermos y las enfermas mentales, y fomentar la prevención y la promoción de la salud mental, favorece la reducción del estigma. Y por supuesto, la persona con enfermedad mental debe acceder al ámbito laboral. Si el trabajo ayuda a todas las personas a construir la identidad personal y social, además de incrementar la autoestima, para una persona con enfermedad mental proporciona también una mejor evolución de la enfermedad, menos índice de hospitalización y mayor integración social. Fuente: www.1decada4.es

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