1 de septiembre de 2012

Reliquias de hombres y mujeres famosos

Dejando de lado las reliquias religiosas, va aquí una pequeña muestra de partes del cuerpo de hombres y mujeres famosos que por motivos diversos fueron separadas de sus cadáveres y que acabaron expuestas a la vista de los curiosos, investigadores y coleccionistas de los modos más sorprendentes.

La cabeza de Tomás Moro
Después de su ejecución por orden del rey Enrique VIII por negarse a aceptar su matrimonio con Ana Bolena, le dieron un hervor a la cabeza y la colgaron en la Torre de Londres durante un mes.
Su hija, Margaret Roper, sobornó a un guardián para que le entregara la cabeza cuando se disponía a arrojarla al Támesis. Cuenta la leyenda que la guardó en una “caja de plomo” conservada en especias y que a ella la enterraron con el cráneo entre sus brazos.
En 1987, los arqueólogos abrieron la cripta de la familia Roper en Canterbury y encontraron en un nicho secreto un cráneo al que le faltaba un diente prominente, como le sucedía a sir Tomás. Sin demostrar, pero es creencia generalizada que es auténtico.
  
La vértebra del rey Carlos I de Inglaterra
Cuando el cuerpo del malhadado rey británico fue exhumado en presencia de dignatarios en 1813, la cuarta vértebra cervical (dañada en la decapitación, en 1649) no se devolvió fortuitamente al ataúd.
El fragmento quedó en posesión de sir Henry Halford, futuro presidente del Real Colegio de Médicos, que lo colocó en una caja forrada de oro y lo dejó a la vista sobre la mesa de su comedor; se rumoreó que también lo usaba como salero.
Los avergonzados herederos de Halford devolvieron el macabro objeto al rey Eduardo VII, que lo reintegró al cadáver real.

La cabeza de Oliver Cromwell
En 1661, tres años después de su muerte, el cadáver embalsamado del dictador puritano Cromwell (que había ordenado la ejecución del rey Carlos I) fue desalojado de la abadía de Westminster, ahorcado y decapitado por monárquicos por regicidio. La cabeza estuvo expuesta en un palo durante veintitrés años, hasta que fue robada por un centinela.
Entró en el mundo del coleccionismo privado de curiosidades; en 1799, el cráneo deteriorado y pintado se exhibía en un espectáculo de fenómenos de feria en Bond Street; fue adquirido en 1814 por Josiah Wildinson; en la década de 1950, su descendiente Horace Wilkinson ensañaba la cabeza a los niños pero se negó a mostrársela a un equipo de la BBC.
Una vez que los científicos dictaminaron la autenticidad del cráneo, el antiguo colegio de Cromwell en Cambridge, Sideny Sussex, aceptó la cabeza en 1960 y la enterró en un lugar secreto.

El dedo de Galileo
En 1737, noventa y cinco años después de la muerte del científico, el admirado italiano Anton Francesco Gori extirpó el dedo corazón al exhumarse el cuerpo de Galileo en Padua para enterrarlo en una gran tumba. El dedo era venerado por “señalar el camino” simbólicamente desde la ignorancia medieval hacia el mundo científico moderno.
En 1841 se exhibió en la Biblioteca de Florencia, y después fue trasladado al museo de ciencias local.
El dedo seco fue aceptado como auténtico; continúa expuesto en una caja de cristal de forma ovoide en el Museo de Historia de la Ciencia de Florencia, rodeado por los instrumentos científicos de Galileo.


Los huesos de los oídos de Beethoven
Los huesos temporales de Ludwig van Beethoven fueron extirpados durante la autopsia en la Universidad de Viena unos días después de su muerte, en un intento de analizar la sordera del compositor. Se vieron por última vez en posesión del ayudante médico Anton Dotter.
En Viena se extendió el rumor de que Dotter se los había vendido a un doctor extranjero. Tras ser exhumado junto con Schubert en 1863 por frenólogos, desaparecieron dos trozos de ocho centímetros del cráneo de Ludwig.
Los huesos de los oídos continúan perdidos, pero los fragmentos del cráneo reaparecieron en 2005 en Danville, California, después de haber sido transmitidos a través de cuatro generaciones de una familia. Tras demostrar las pruebas de ADN su autenticidad, fueron donados a la Universidad Estatal de San José. Para saber más clica aquí.

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