24 de diciembre de 2011

90 años de Summerhill

Hace un par de semanas se cumplieron los 90 años desde la creación de Summerhill, una de las escuelas pioneras en entregar libertad a sus estudiantes para decidir sobre su propia educación. Encontré un artículo destacando la ocasión y decidí traducirlo y publicarlo en el blog. Aunque no estoy de acuerdo con algunos aspectos de esta escuela, como el que los estudiantes no puedan decidir quién es contratado o despedido, si creo notable la labor y el liderazgo que ha tenido en difundir una educación alternativa.
Por esa razón te dejo con el artículo y espero que lo disfutes. También, si te interesa, existe una versión en inglés que puedes leer.

La escuela Summerhill y los niños “que hacen lo que quieren”

Cuando abrió sus puertas hace 90 años, las clases eran opcionales y los niños hacían las reglas. Una alternativa radical a la educación convencional - ¿o la anarquía? Ex alumnos recuerdan su experiencia. 

Angela Neustatter
Viernes 19 de agosto, 2011.


A principios de este mes, siete generaciones de ex alumnos ​​y la actual se reunieron para celebrar el 90 aniversario de Summerhill, nuestra progresiva, controversial alma mater. La escuela se fundó en un casa victoriana en Leiston, Suffolk, por A.S Neill, un maestro que odiaba tanto la estricta disciplina que se esperaba que impusiera a los alumnos que ideó un método radicalmente diferente de educación – entregar a los niños tanta libertad como quisieran.
Para mí, fue también la celebración del legado de mi abuela, porque en agosto de 1921 Lilian Neustatter co-fundó de Summerhill. La génesis fue una invitación a tomar el té. Lilian había enviado a mi padre a la Escuela King Alfred en Hampstead, donde Neill era maestro. Ella lo invitó a su casa y fue cautivada por el sueño del escocés desgarbado de una escuela donde los alumnos pudieran hacer sus propias reglas.

Mi abuela no tenía antecedentes formales de enseñanza, pero estaba bien educada, y era una experta lingüista y músico, y juntos ella y Neill decidieron fundar Summerhill. En 1927, se divorció de mi abuelo y se convirtió en esposa de Neill (siempre fue conocida como Señora Lins por Lindesay, su nombre de familia). Ella falleció cuando yo nací, pero solíamos visitar Summerhill y en 1954, a los 11 años, decidí ir.

Al principio, extrañaba mi hogar, y era tímida, pero sabía que Summerhill tenía algo especial y quería quedarme. Así que me convertí en uno de los niños "que hacen lo que quieren", como el pueblo local nos decía, imaginando la anarquía que debía imperar dentro de nuestras paredes de ladrillos.
A veces lo hizo. Recuerdo a Angus Dudgeon, que llegó justo en su adolescencia, después de ser expulsado de otra escuela. Atónito por la libertad, corrió alrededor gritando, hablando "inapropiadamente" a las niñas y finalmente rompiendo 23 ventanas en dos días. Al levantar una piedra para romper otra, Neill cogió una y rompió la ventana número 24 antes que Angus pudiera hacerlo. Angus no rompió ninguna ventana más, se tranquilizó y se convirtió en uno de los más dulces miembros de la comunidad. Después se dedicó a producir discos de Pink Floyd.

Nuestros pares en las escuelas ortodoxas no podían creer que pudiéramos elegir no ir a las clases si no quisiéramos. Pero como muchos descubrieron, después de mucho tiempo jugando en el gran árbol de Haya, construir guaridas o sentarse en un campo de flores silvestres leyendo tranquilamente, el aprendizaje formal era sorprendentemente agradable. Incluso, me fue lanzado un libro por hablar en clases por nuestro inspirador maestro de inglés, un ex-militar del ejército. "Usted no tiene que venir", dijo, "pero si lo hace, no debe arruinarlo para los demás."

La enseñanza era irregular. Cuando los maestros tenían buenas habilidades y estaban en sintonía con la filosofía de Summerhill, sus lecciones eran una maravilla. Ulla - llamamos a los profesores por sus nombres de pila - combinó clases de costura con la enseñanza de su alemán nativo. Hice mi propia ropa y pase el nivel A de alemán con distinción. Sin embargo, los salarios eran bajos y Summerhill no era la escuela soñada de todo maestro, así que algunos de los que fueron contratados, francamente, no tenían idea.

Lo que si obtuvimos fue una valiosa educación en democracia. En las reuniones semanales de la escuela, atendidas por el que quisiera ir, se planteaban asuntos - un niño destruyendo la propiedad, o un profesor hablando de una manera considera hiriente - y cada uno tenía igual voto en las sanciones pertinentes. Estos variaban desde perder tus postres por un día a no ir a las expediciones de Neill en el mar.

Inevitablemente, hubo preguntas salaces sobre niños y niñas viviendo en tal proximidad sin límites. Reporteros de New of the World nos visitarían y ofrecerían una libra por comentar el espeluznante sexo entre menores que equivocadamente imaginaban que sucedía. Tabloides informaron al personal flagrantes en el jardín delantero. No había un jardín delantero.

En sus 90 años, Summerhill ha estado a veces al borde de la supervivencia, con un número de alumnos bajo, documentales sensacionalistas pintando una imagen distorsionada de crueldad y anarquía, y el gobierno laborista de Blair en el 2000 tratando de cerrarla. Zoe Redhead, la hija de Neill, quien ahora dirige la escuela, luchó y ganó el juicio en su contra.

Así que, volviendo a las celebraciones, ¿debería estar orgullosa de lo que hizo mi abuela? Hasta este día incluso la matemática más simple me vence, pero no he cumplido las predicciones sombrías de los académicos quienes declararon que esta escuela “utópica” nos dejaría a todos incapaces de encajar en el mundo exterior. En cambio he tenido una carrera satisfactoria y abrumadoramente, lo que me dio Summerhill es el optimismo y el placer de simplemente ser.

Ishbel McWhirter, 84 años.

 

Una artista, McWhirter vive en Gales con su compañero Reg. Tiene dos hijos de un matrimonio anterior. 
La madre de Ishbel McWhirter leyó “That Dreadful School” (Esa terrible escuela), el libro de Neill sobre Summerhill, en una sola sesión y envió a su hija, de 12 años. A Ishbel le encantó inmediatamente. "Neill llenó la escuela con su positivismo y buen humor, y la Sra. Lins era muy culta y cordial con todos los alumnos. Había pocas reglas, pero nos advirtió que si hablábamos inapropiadamente fuera de la escuela la gente se escandalizaría. No queríamos decepcionar a nuestra escuela, así que éramos cuidadosos."

Un número de alumnos, incluyendo McWhirter, quería más aprendizaje del que estaba en oferta, pero Neill creía en la importancia del tiempo libre, así que por lo general Summerhill terminaba las clases en la hora del almuerzo. En una reunión extraordinaria, convocada por los alumnos, se decidió que una clase extra se añadiría al plan de estudios para que los niños pudieran prepararse para el Certificado de Escuela, un precursor de los O-levels (niveles-O). Neill estaba consternado – el no era un entusiasta de la presión que los exámenes producen. "La manera de Neill de inculcar el aprendizaje fueron las pruebas de originalidad que tomaron la forma de preguntas de broma. Se suponía que respondiéramos de la manera más escandalosa. Creíamos que Neill no tenía idea de cómo elegir maestros. Parecían ser seleccionados por razones extrañas - que leen el periódico correcto o tenían las neurosis correctas".

Pero a McWhirter le encantó trabajar con Robin Bond, un joven profesor de arte que tuvo un gran interés en su trabajo. Mostró su arte al artista austríaco Oskar Kokoshka, que se ofreció a enseñarle una vez que dejó Summerhill, así que desde la edad de 19 años, McWhirter pasó varios años bajo su tutela. Hoy en día hay retratos de Melvyn Bragg, Tom Conti, Lord Scarman, Germaine Greer y Neill en su catálogo. Pensando, dice: "Supongo que la desventaja es que no tenía la confianza que he visto en algunas personas que saben que su educación fue tan buena como la de cualquier otro. Pero Summerhill me dio una diferente clase de confianza, disfrutar ser yo mismo, y ahora veo que es algo muy importante”.

John Burningham, 75 años.

 

Un ilustrador y autor de libros para niños y adultos, Burningham vive en el norte de Londres con su esposa, la artista Helen Oxenbury. Tienen tres hijos adultos.

John Burningham fue a 11 escuelas diferentes - su padre era un vendedor y se mudaban mucho - antes de que sus padres escogieran Summerhill en 1948. Él tenía 13 años y estuvo cinco "muy felices" años.

"Pero el hecho de que la escuela siempre estuviera mal de dinero definitivamente afectó que tuviéramos una amplia educación. Se ofrecían un número limitado de asignaturas y las instalaciones deportivas eran un caso perdido: una cancha de tenis con maleza, campos demasiados desiguales para el fútbol y así sucesivamente. Sin embargo, no creo que eso fuera solo por el dinero. Creo Neill asociaba los deportes con un sistema de educación pública en la que eran obligados a correr en las heladas mañanas con las rodillas heridas, y una competitividad que hizo muy infelices a los niños que no eran buenos en eso.”
El arte fue una pasión desde el principio y a pesar de que Burningham fue a otras clases, solo francés y literatura quedaron en su mente. "La gente de afuera pensó que sería difícil para nosotros ganarnos la vida, pero entre mis pares hay profesionales y académicos, al igual que artistas chiflados como yo."

Hubo una educación moral benigna, también. "Un par de nosotros robamos las llaves del almacén de comida y por un tiempo tomamos algunas cosas. Un día estaba con Neill y repentinamente dijo:" Algún ladrón ha robado la llave del almacén. ¿Supongo que no sabes dónde está? "Es alarmante la manera en que podía ver a través de las personas. No importa lo que dijeras, sabías que él sabía la verdad. No había nada que hacer sino ir a buscarla para él."

Nathalie Gensac, 44 años.

 

Gensac dirige una caridad educativa recaudando dinero para ayudar a las mujeres y los niños en el mundo en desarrollo. Ella vive en Santa Bárbara, California. 

Hasta los nueve años, Nathalie Gensac fue educada en casa por sus padres mientras recorrían el camino hippy a Marruecos. "Entonces se enteraron de Summerhill y encajó absolutamente con sus ideas", dice.

Vivir en una pequeña, inter- relacionada comunidad "significa que tienes que asumir la responsabilidad de tus propios actos, y eso significa todo desde la ropa que vistes hasta cómo tratas a los demás. Toda esa toma de decisiones puede ser a veces difícil. Lo que Neill nos decía era que podías tener libertad, pero no si lo que hacías interfería con la libertad de los demás."

Gensac en su mayoría fue a clases, pero recuerda haber faltado a un par de lecciones de ciencia, y luego de pedir disculpas. "Mi maestro dijo, 'No importa, pero es tu pérdida.' Eso de verdad me hizo pensar."Ella dejó Summerhill a los 15 años con nueve O-levels, incluyendo tres asignaturas de ciencias.

Tomar A-levels en realidad no era una opción en Summerhill porque no había suficientes profesores para ofrecer una variedad suficientemente amplia de asignaturas, por lo que Gensac fue a otra parte. "Había gente en la universidad, que desaprobaban mi persona, porque pensaban que había crecido sin disciplina. Un profesor de A-level se volvió hacia mí cuando disentí de algo que estaba diciendo y me gritó:"Supongo que tu eres el chico de Summerhill."

Caspar Walsh, de 44 años. 
 

Autor de un libro de memorias y una novela, Walsh da lecciones de escritura creativa para los jóvenes en la cárcel y creó una obra de caridad para los jóvenes en situación de riesgo. Él vive en Devon. 
"Yo fui a Summerhill a la edad de seis por dos años. Me trepaba a los árboles, inventaba juegos y corría alrededor de todo el espacio abierto. Si tenía hambre, iba a la clase de cocina y hacía pasteles. Si quería una espada, iba a la clase manualidades y hacía una. Yo estaba en mi elemento, porque podía ser un niño haciendo cosas naturales, mientras tanto tenía que encajar en la vida de mi padre en casa. Era un criminal de carrera y mi vida familiar era muy destructiva - tanto emocional como físicamente".

El pasado caótico de Walsh implacablemente ponía a prueba los límites de la libertad de Summerhill: "Robé, hice cosas malas. Una vez le prendí fuego a la cabeza de un oso de peluche y lo tiré por la ventana".

El colmo llegó cuando entró a un club de fútbol junto a la escuela y se llevó los dulces almacenados. Fue expulsado de inmediato. "Me sentí devastado. Ahora me doy cuenta que buscaba a alguien que me controlara y contuviera. Pero el sentido de Summerhill era que tenías que aprender a imponer tus propios límites. Yo no diría que la escuela fue irresponsable al expulsarme - Yo había cometido un acto criminal - pero creo que fueron extremadamente duros, teniendo en cuenta lo joven que era".

Walsh es uno de los pocos estudiantes que se le ha solicitado dejar Summerhill y su vida se fue cuesta abajo poco después. Su padre fue enviado a prisión y Walsh fue fuertemente dependiente de las drogas. Sin embargo, para los 21 años quedó limpio. "Recientemente encontré una foto de Neill," dice, "y me di cuenta de lo mucho que deseo poder haberme quedado en Summerhill. Sus ideas de ayudar a las personas a encontrar su propio camino estando a sus lados definitivamente me han influenciado.”

Nadia Hartmann, 42 años.

 

Hartmann es una dentista que vive en Bélgica junto su marido y sus dos hijas.
La madre de Nadia Hartmann tuvo una crianza muy estricta y no quería lo mismo para su hija. Tras haber leído la autobiografía de Neill, "Neill! Neill! Orange Peel", Hartmann fue enviada a Summerhill en 1975, con cinco años de edad.
"Yo no tenía dificultades para ir siendo tan joven. Mi madre murió cuando yo tenía nueve años y Summerhill se convirtió en una familia para mi hermano y yo. No había mucho matonaje escolar, pero con algunos amigos, si acosábamos a una niña. Pusimos nieve en su cama para que ella pensara que se había orinado, y daddy - longlegs en sus ingredientes para cocinar. Nos llevaron al frente de la reunión semanal de la escuela y hubo mucha desaprobación de los otros niños. Se nos prohibió el acceso a la piscina e ir al pueblo. Ese fue un gran castigo y nunca más lo hicimos de nuevo.
"Fui a clases cuando era pequeña, pero al llegar a los 10 años, dejé de ir y pasé un par de años trepando árboles, nadando, tejiendo, jugando con amigos. Luego, cuando tenía 13 años, decidí que quería ser odontóloga y necesitaba aprender, así que comencé a tomar clases de nuevo. Tuve que trabajar duro para ponerme al día, pero las clases en Summerhill son muy pequeñas, así que puedes obtener una gran cantidad de clases particulares. Salí a los 15 años y en mi nueva escuela tuve que trabajar aún más duro. Pero había tenido años valiosos de libertad y después de tres años de estudio intensivo, obtuve las mismas calificaciones que aquellos que habían estado en esa escuela por 13 años."

Hartmann y su marido planean enviar a sus propias hijas a Summerhill pronto.

Nathan Clutterbuck, 26 años.

 

Un diseñador gráfico, Clutterbuck vive en Londres. 
Los padres de Nathan Clutterbuck querían que él y su hermano tuvieran una educación alternativa, por lo que fue enviado a Summerhill a la edad de cuatro. Se quedó hasta los 16.

"Difícilmente me molestaba con las lecciones hasta que cumplí 13 años", dice. "Mis amigos y yo perdíamos el tiempo en el bosque – construyendo casas y castillos - o jugando juegos informales de equipo. Pasé una buena cantidad de tiempo en las salas de arte y artesanía en madera, y también en el teatro. Crearíamos obras y luego las representaríamos para los otros estudiantes."

Eventualmente, Clutterbuck sintió que había tenido su ración de "perder el tiempo" y que estaba dispuesto a apretarse el cinturón y estudiar."Yo no recuerdo haber aprendido a leer y escribir", dice, "pero para la mayoría de nosotros fue algo que aprendimos intuitivamente. Todavía no soy un gran lector, pero sí obtuve un título en diseño gráfico y ahora trabajo para una compañía de viajes desarrollando libros y una de las primeras aplicaciones para el Ipad, así que no fue una desventaja. "

Summerhill, dice, no fue una experiencia feliz para todos. "Algunos niños no pueden manejar tener tanta libertad y les va mejor con reglas que les dicen qué hacer".
En cuanto a él: "Creo que Summerhill me hizo un diplomático. Desde la edad de 12 años, estuve mediando disputas entre los niños, tratando de entender los dos lados de un problema. Más adelante, fui suspendido tres veces por beber y fumar marihuana. Me encantó estar ahí, por lo que estar temporalmente expulsado era malo. Mis padres me dieron una charla, comprobando que supiera la gravedad de la situación, pero mucho peor fue la charla que me dieron mis pares, advirtiéndome que estaba poniendo en peligro a la escuela. Yo sabía que tenían razón." Aprender en libertad

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